Opiniones de Mario Vargas Llosa y Facundo Manes sobre el efecto de Internet en las mentes humanas

Filed Under (Internet, Saber) by blogep on 21-11-2011

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El 6 de agosto de 2011 el diario La Nacion publicó un artículo de Mario Vargas Llosa titulado “Mas información, menos conocimiento”. En el mismo el premio Nobel de Literatura hace referencia a advertencias escritas recientemente por Nicholas Carr en su libro “Superficiales: ¿Qué esta haciendo Internet con nuestras mentes?” y se manifiesta alarmado y triste por los estragos causados por Internet en las mentes humanas. Para el gran escritor peruano las catastróficas predicciones de Carr a su vez reivindican las más antiguas teorías de Marshall Mac Luhan sobre los peligros de los medios de comunicación en general y como estos modifican y controlan nuestra manera de pensar y de actuar. El 10 de septiembre de 2011 el mismo diario publicó un texto titulado “El debate sobre los efectos del uso intensivo de la web en nuestra mente” escrito por el renombrado neurobiólogo de la Universidad Favaloro, Facundo Manes, refiriéndose a estos temas en general y al artículo de Vargas Llosa en particular.

Vargas Llosa explícitamente reconoce no ser un neurocientífico que pueda juzgar sesudamente los experimentos citados por Nicholas Carr en su libro, y también admite que es posible que este último pueda exagerar un poco en sus dramáticos pronósticos; pero en general coincide con Carr en que Internet esta dañando la mente de la civilización. Utilizando el análisis de Carr y también su propia experiencia, Vargas Llosa defiende con ahínco las fantásticas ventajas de Internet cuando este es bien utilizado pero se alarma por su mala y excesiva utilización. Vargas Llosa señala daños con respecto a la memoria humana pero no se ciñe a ella sino que su más pesado acento está apoyado en la pérdida del hábito y hasta de la facultad de leer grandes libros y en la moderna creencia de que sólo se lee para informarse. Los textos que no están “subordinados a la utilización pragmática” suelen ser considerados superfluos. Y, si solamente se tratara de informarse veloz y utilitariamente, nadie puede dudar que un diestro cazador internauta consigue su objetivo muy eficazmente picoteando información con el frenesí y mariposeo cognitivo de la pantallita sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, reflexión, paciencia y abandono a aquello que se lee. Vargas Llosa también señala que no es verdad, como a veces se nos suele hacer creer, que Internet sea hoy día sólo un utensilio útil sino que más bien pasa a ser una prolongación o suerte de prótesis de nuestro propio cuerpo y de nuestro propio cerebro.

Si bien el neurocientífico Facundo Manes aclara de antemano que su objetivo es aportar algo adicional y complementar lo dicho desde la neurobiología, en mi entender, en puridad su artículo más bien intenta refutar a Vargas Llosa y a Carr. Manes utiliza frases citadas por el premio Nobel, como por ejemplo, “cuanto mas inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos” y algunas otras mas nebulosas en el texto que sería extenso sacar a relucir, y les asigna un peso relativo mayor al que a mi modo de ver surge de la letra y del espíritu del texto de Vargas Llosa. De manera un tanto elíptica Manes insinúa que el plexo del argumento de Vargas Llosa es el efecto negativo que Internet tiene en la memoria humana y entonces se enfoca primordialmente en ello para refutarlo. Sus apreciaciones sobre la memoria son por cierto muy interesantes, aparentan ser verdaderas y son además exactamente lo opuesto a lo que opina el escritor peruano. Pero hacia el final de su texto Manes pretende expandir y derramar su puntilloso análisis sobre la memoria humana en particular hacia toda la mente humana en general y defiende las bondades de Internet sobre las mentes. Esto lo intenta parcialmente negando la actual preponderancia de Internet por sobre la lectura;  y también arguyendo que a través de la incesante interacción con sus semejantes el hombre y su cerebro siguen progresando y no son afectados negativamente por los ordenadores, como si lo cree Vargas Llosa.

El escritor peruano hace comentarios muy concretos sobre los posibles daños a la memoria humana, pero a mi humilde modo de ver ese no es el plexo de su mensaje. Vargas Llosa se manifiesta asustado y entristecido porque coincide con Carr, que a su vez describe como el motivo principal por el cual Carr escribió su crítico libro, en que Internet está reduciendo la capacidad humana de introspección que avivaba la literatura.

Para calar hondo en semejante temática habría que extenderse mucho en cuestiones sobre la mente y sobre el cerebro desde lo científico y también desde lo metafísico y eso rebalsaría las pretensiones de este breve comentario. Nadie osaría poner en duda la enorme importancia de la memoria en la mente humana y que sin ella bien poco o casi nada podríamos llevar a cabo. Empero, las neurociencias creen que la mente humana incluye también otras dimensiones como la autoconciencia, la inteligencia abstracta, la libertad, la capacidad estética, la capacidad ética, el amor al prójimo, y, entre los creyentes, incluso la creencia y el amor a Dios. Yo tiendo a coincidir con Facundo Manes en cuanto a que tal vez efectivamente Internet no esté anestesiando la memoria del hombre de la drástica manera en la cual lo marca Vargas Llosa, pero no resulta para mi viable parcialmente reducir la mente humana sólo a la  memoria y a la búsqueda utilitaria de información. El hombre es la única bestia conocida en el universo que piensa y hace cosas que no son siempre meramente utilitarias para la supervivencia y la conservación de su especie. Hasta neurocientíficos agnósticos y ateos señalan la importancia de promover experiencias espirituales para la consecución de la realización y felicidad humanas.

Incluso si la memoria humana no fuera dañada en lo más mínimo, como tan bien lo explica Facundo Manes; a mi modo de ver, resulta hoy día muy arduo argüir y constatar que a través de la muy manifiesta menor introspección que asusta y entristece a Vargas Llosa, Internet no esté efectivamente dañando otras dimensiones espirituales cruciales de la mente humana como la autoconciencia, la inteligencia abstracta, la libertad, la capacidad estética, el amor al prójimo.

Carlos Morea

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Computadoras, cerebros y libertad

Filed Under (Saber) by blogep on 11-06-2011

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Todavía existen algunos pensadores que arguyen que, a través de un incremento en el número de transitores, en el futuro las computadoras ampliarán sus funciones y se asimilarán a los cerebros. El creyente en la inteligencia artificial Isaac Asimos sostiene que entre el cerebro y un ordenador habría sólo una diferencia de complejidad. Y opina que en algunas décadas más las computadoras podrían hacer lo mismo o incluso más que una mente humana. Cuando los robots electrónicos se hagan lo suficientemente complejos en sus algoritmos, les emergería así la habilidad intelectual y argumentativa, la conciencia personal y moral, la libertad, la capacidad de amar y de ser amado, el placer y el dolor, la apreciación de la belleza, el humor, la capacidad de Dios

Son diversas las razones por las cuales los cerebros se diferencian de las computadoras pero hoy haré un fugaz comentario sobre una de ellas que es la libertad. Las computadoras no son libres porque requieren del programador, que si es libre, para que las programe. Ha habido pensadores que han negado la libertad humana. Minsky por ejemplo decía que:

“Libre albedrío es el mito de que la volición humana se basa en una tercera alternativa, distinta de la causalidad. No hay lugar para ella, porque cualesquiera que sean las acciones que “elijamos”, ellas no pueden producir el menor cambio en lo que de otro modo habría sido, porque esas rígidas leyes naturales ya han sido la causa de los estados mentales que nos hicieron tomar esa decisión.”

Y Skinner y Ruiz de Gopegui asemejan el acto volitivo al de una máquina. Este último escribió:

“Si por libertad se entiende la posibilidad de elección espontánea y no condicionada, cuando el hombre decide no posee libertad, pues en el todo está condicionado por causas antecedentes. El sentimiento de libertad es sólo un espejismo; el individuo se cree libre cuando ha hecho lo que quería, sin percatarse de que lo que quería estaba totalmente condicionado por agentes no controlables ni controlados por él. El acto volitivo –o de decisión presuntamente libre- puede explicarse satisfactoriamente según un “esquema cibernético” reproducible en las máquinas, lo cual desvela al carácter ilusorio de la idea de libertad.”

Ahora bien, resulta perogrullesco que los humanos no somos ilimitadamente libres. El sueño de una libertad autárquica es insensato. Siendo el hombre un ser limitado, no puede poseer una libertad ilimitada. Decir que el hombre es libre no significa que el área de su libertad sea omnímoda. La libertad del hombre es una libertad verdadera, pero acotada por el marco de referencias en que se mueve.

Una libertad sin horizonte, sin norte, sin tierra de promisión, es una libertad desorientada; y no es sino apariencia de libertad. Por eso la idea de que ser libre es equivalente a hacer lo que a uno se le apetece es una falacia constitutiva. Con ella se está recayendo en la vieja idea de libertad como capacidad de elección indiferente entre diversas posibilidades, que termina condenando al hombre a una crónica e irresponsable indefinición. José Antonio Marina decía que hacer lo que me da la gana no es ser libre sino que es obligarme a hacer lo que la gana decide. No se es más libre porque se pueda hacer lo que a cada cual le apetezca; se es más libre en cuanto que se opta en la dirección del ser más hombre, más uno mismo, más persona. Ruiz de la Peña decía que la libertad no quiere decir que puedo hacer lo que quiera sino que significa más bien que debo llegar a ser lo que soy. La mejor libertad, la libertad más liberada, será aquella que acepta y acoge el fundamento de su ser. Y Ruiz de la Peña agrega que la genuina libertad no es una ausencia de ligaduras sino una forma de religación. Sólo quien se halla religado a un fundamento último puede sentirse desligado ante lo penúltimo.

Las circunstancias biográficas nos influyen. Estamos todos sometidos a innumerables pulsiones y coacciones externas. Somos vulnerables a los deseos y a los miedos. Pero las posturas que defienden al hombre como ser completamente predeterminado y carente de libertad son extremas. La heredad y la circunstancia ciñen a la libertad, pero no la exterminan. Lo que en la vida surge por obra propia, a fuerza de golpes de circunstancias, a sotavento de ellas, contra los trancazos y garrotazos que nos vienen de afuera, cuando confronta al aparente destino escrito, ese es el carácter, la determinación profunda, lo más persona de la persona, aquello que define a esa alma como propia, única, insustituible. Zubiri decía que si el hombre no tuviese tendencias tampoco tendría posibilidad alguna de ser efectivamente libre. Las tendencias son intrínsecas a la voluntad porque fuerzan al hombre a ejecutar un acto de volición libre. ¿Cómo es que el alcohólico que ansía beber, muchas veces logra no hacerlo? Y como no todas las tendencias son iguales no todos los hombres son igualmente libres. Hay quienes desperdician oportunidades heredadas y transcurren una vida infértil, y hay también quienes vencen insufribles limitaciones físicas, psíquicas, económicas, y se convierten en ejemplos de humanidad. Y Zubiri agregaba que aquello que nos exige ser libres, que son las tendencias ante las cuales debemos decidir, es justamente también aquello que  limita intrínsecamente nuestro grado de libertad. En un cierto momento, por más exiguo que este sea, y muchas veces contra toda esperable probabilidad, la libertad da fuerza y convierte a la pretensión en decisión.

El proceso cerebral tiene algunas similitudes con los procesos de las computadoras y estas últimas son incluso más veloces y más exactas para ciertas funciones; pero las computadoras no son libres y sólo pueden ejecutar cálculos algorítmicos o mecánicos. Las máquinas nos pueden igualar e incluso superar en muchas operaciones y actividades, pero los creyentes en la inteligencia artificial no contemplan que las máquinas carecen de la interioridad y de la libertad de la persona humana. Es así que hoy día la mayoría de los grandes pensadores reconocen la libertad humana y descreen en un mundo futuro de robots cibernéticos y también humanos. Las computadoras no son ni remotamente comparables con la mente humana. Y todo indica que jamás lo serán.

Carlos Morea

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El progreso de la ciencia y la técnica y, ¿que es lo que esencialmente somos?

Filed Under (Saber) by blogep on 20-04-2011

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Uno de los fenómenos ideológicos de la modernidad ha sido sin duda el nacimiento de la fe en el progreso. La creencia en un progreso indefinido, la persuasión de que las ciencias de la naturaleza resolverían todos los problemas y responderían a todas las preguntas, nos ha hecho pensar que la técnica era el nuevo camino de la salvación y la consecución de sentido. El hombre actual aparenta creer que una vez que se resuelvan todos los problemas políticos, sociales y económicos ya no habrá más problemas. Pero es sabido que muchos hombres tienen cubiertas sus necesidades ordinarias, e incluso todo tipo de necesidades extraordinarias, y de todas maneras lo pasan muy mal.

Al compás del progreso de la ciencia y la técnica las posturas con respecto a lo que el hombre es esencialmente se han multiplicado y han definido al hombre de maneras variopintas. El idealismo dialéctico le ha dicho que es un escalón hacia un espíritu universal. Feuerbach ha afirmado que el hombre es Dios. El ateísmo marxista lo define como un proletario que lidere el sendero hacia la abundancia de bienes y al paraíso comunista. Nietzsche lo ha proyectado a un superhombre que sin ayuda divina logra convertirse en un héroe y en santo secular. El marxismo humanista de Bloch dice que en el futuro el hombre será Dios. El existencialismo sartriano lo define como una pasión inútil que debe inventarse a sí mismo. Heidegger subraya que el hombre no tiene esencia sino que sólo tiene existencia y que es el ser hacia la muerte. Freud lo ha enclaustrado en una predeterminación provocada por un laberinto de instintos inconscientes del que sólo el psicoanálisis lo puede liberar. El estructuralismo antihumanista de Foucault y de Levi Strauss le dice que el hombre en sí ha muerto, que ya no existe. Los paleontólogos evolucionistas lo empardan a un orangután verborrágico. El principio antrópico inmola a cada individuo en si para que la especie trepe la escalera de la evolución hasta llegar a los semidioses del futuro. Los credos orientales lo exaltan a la condición de ser una partícula divina del Todo divino que es el universo. La New Age, las psicologías modernas del ego y algunos cristianismos tergiversados le dicen que cada problema humano tiene una solución humana. A través de competir y avanzar, Keynes, Samuelson o la economía moderna de la Escuela de Chicago, lo proyectan una vida pródiga en suntuosidad y consumo insaciable, a la salvación del mundo a través del progreso económico.

Pasión inútil, ser para la muerte, carnívoro agresivo, mono que ha tenido éxito, bestia razonante, robot mejorable, mecanismo autoconsciente programado para la preservación de sus genes y equipado con un ordenador locuaz; las definiciones del hombre sobre sí mismo han sido diversas e incluso contradictorias, algunas veces exaltándose altaneramente y otras veces hundiéndose hasta la desesperación.

Los animales no se hacen problemas para vivir. Están dotados de mecanismos instintivos mediante los cuales solucionan sus necesidades elementales en forma casi mecánica. Es así que los animales no sufren de preocupación ni de ansiedad. Ortega decía que el animal existe en permanente alteración y perpetuo sobresalto y atropello. Cuando el contorno lo deja en paz y sin alteración, el animal no es nada y deja de ser, se duerme, borra su propio ser en cuanto animado. Pero el hombre se queda despierto y piensa.

Kant juzgaba que si el fin supremo de la naturaleza fuese el bienestar y la conservación del hombre, es decir, su felicidad terrena, la naturaleza se habría equivocado al hacer que la ejecutora de su designio fuera la razón. Todas las acciones que la criatura debe ejecutar conforme a este designio le serían indicadas más exactamente por el instinto. En otras palabras, si no tuviéramos razón, seríamos más mundanalmente felices.

El hombre es el único ser vivo que no se conforma con lo que hay. No acepta el orden natural. La existencia lo deja siempre un poco vacío, sediento de otro sentido, de algo más allá. Ni cuando nace ni cuando crece le gustan las cosas tal cual las encuentra. La realidad lo suele sacar un poco de quicio. Protesta, gruñe, gesticula quejoso, frunce la nariz y el ceño, estira la cara, se cabrea, se crispa, lagrimea, respinga, se desvela y se enfada ante sus opciones de vida. El hombre es un animal en permanente desaliento; ser problemático, lo llamaba Gabriel Marcel. Su menesterosidad es biográfica. Thomas Chalmers expresó que hay en el hombre una ambición incansable, un apetito insaciable por algo mas grande y mejor, una insatisfacción con el presente que nunca se apacigua por todo lo que el mundo tiene para ofrecer, todas cosas que no existen entre los animales inferiores. Jacques Riviere dio ejemplos de por qué uno sólo tiene que observar al hombre para darse cuenta de que es un ser que no está en su casa con el mismo, que de alguna manera ha caído por debajo del nivel de su propia naturaleza, que para recuperar su correcto destino, no importa cuán precaria e incompleta pueda ser esa recuperación, debe por siempre escalar una pendiente difícil.

El hombre sigue siendo el mismo frágil, limitado y dependiente ente que habitó las cavernas. Es igualmente sanguinario y tierno, seducible y caprichoso, hábil y torpe. Su inteligencia, cultivada sin cesar, puede conducirlo a los laberintos microscópicos de una célula o a los más lejanos periplos interestelares, pero su corazón sigue conmoviéndose con un buen cuento, así como a la vera del fuego encendido de una choza. Encabritado es capaz de derrumbar y destrozar ciudades íntegras y arruinar amplias zonas del planeta, pero es también capaz de dar la vida por el otro.

El progreso ha desencadenado múltiples definiciones sobre nosotros los hombres, pero somos un enigma para nosotros mismos. Somos el único animal endémicamente insatisfecho, de donde provienen el aburrimiento y la impaciencia, y somos también la única extraña bestia que, para llegar a ser lo que es, necesita antes averiguarlo. Nos resulta imperativo preguntarnos y saber qué es lo que esencialmente somos.

Carlos Morea

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La tecnología y el hombre masa

Filed Under (Saber, tecnología) by blogep on 03-02-2011

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A través de la tecnología que permea la atmósfera, hoy día suele suceder que todos terminemos con ideas y opiniones sobre las cosas, muchas veces sobre las bases de nuestro vivir, que no hemos pensado nunca por cuenta propia, a las que nunca hemos arribado como fruto de una personal convicción de su verdad, sino que las pensamos porque las hemos oído de otros. Resulta hoy día bastante inútil preguntarle al hombre moderno qué es lo que desea. Como robots responderemos que lo que queremos es exactamente lo que nos quieren vender. Erich Fromm decía que:

Ese hombre piensa, siente y quiere lo que cree que los demás suponen que él deba pensar, sentir y querer, y en este proceso pierde su propio yo, que debería constituirle fundamento de toda seguridad genuina del individuo libre.

Se suele tener dificultades para comprender que el que no sabe es como el que no ve. Sólo vemos lo que somos capaces de ver, sólo entendemos lo que somos capaces de entender. La inteligencia no es algo que se tiene o que no se tiene, ni solamente es algo que se tiene parcialmente, sino que es, por sobre todo, algo que se va haciendo o deshaciendo. Sobre el saber que no se sabe, Ortega escribió:

El pensar que culmina en saber, comienza por ser ignorar. El pensamiento, pues, es –tanto más y antes que saber– pura ignorancia. El que no piensa no es ignorante. La piedra no ignora lo que es la dinamita que la hace reventar. Porque  ignorar es pensar positivamente en algo, es pensar que no se posee el ser de una cosa, es pensar que no se sabe lo que es; en suma, es saber que no se sabe.

El concepto de hombre masa es interpretado como una mutación en la que el individuo se transforma en un otro colectivo, en una suerte de arquetipo jungiano, de tal manera que sus posibilidades y sus preocupaciones son, aunque más no sea temporalmente, asumidos por ese otro. Jung advertía que para poder lograr el desarrollo de la personalidad individual es indispensable que exista una estricta distinción con respecto a la psique colectiva, pues toda diferenciación defectuosa genera una inmediata disolución de lo individual en lo colectivo.

La masa no representa a una casta específica –pobre o rico, secular o religioso, humilde o altanero–, sino que es una posibilidad abstracta de todo individuo contemporáneo. Es la posibilidad diaria que tenemos todos de convertirnos en aquello que se denomina la gente, o en el porque se dice, porque lo piensa la gente. En rigor, esta gente, o este lo que se dice, son un alguien abstracto, un quién teórico, seres que no son, iguales a nadie, porque, ¿quién es la gente? Nietzsche observaba que la opinión pública era la suma de las perezas individuales.

La tecnología que masifica pretende clonar lo inigualable, al hombre, que es único e irrepetible, absolutamente original, inédita creación. Corremos casi siempre detrás de nuestro becerro de oro, que son el dinero, la fama, el poder, el placer, la envidia, la apariencia. Estamos todos ansiosos por saber lo que los demás opinan de nosotros, nos sentimos como angustiados por conocer el veredicto ajeno, si es que se considera que ganamos o que perdimos. Para Ortega, el hombre masa…

No quiere dar razones ni le importa tener razón, sino que sencillamente se muestra resuelto a imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo; el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón. Hombre masa que carece simplemente de moral, que es siempre, por esencia, sentimiento de sumisión a algo, conciencia de servicio y obligación. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo –en bien o en mal– por razones especiales, sino que se siente como todo el mundo y, sin embargo, no se angustia. Se siente a sabor al sentirse  idéntico a los demás. El hombre selecto no es el petulante que se siente superior a los demás, sino por no ser el que se exige más, inclusive si no logra resultado alguno en esas exigencias superiores. Las masas y colectividades que no precisan buscar lo único verdaderamente imprescindible que es “la verdad”, y por lo tanto parecieran ser sólo un modo deficiente de lo humano.

Pero no tiremos al bebe recién nacido por la rendija de la bañadera junto con el agua sucia. La tecnología es extraordinaria; se trata sólo de saber como y para que usarla.

Carlos Morea

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Lo importante son las Pymes

Filed Under (Pymes) by admin on 09-10-2009

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En Estados Unidos, que es la economía mas grande del mundo, aproximadamente el 98% de las empresas son consideradas Pymes y esas empresas son responsables por mas del 45% de todos los salarios del sector privado y 80% de los nuevos puestos de trabajo creados en los últimos 10 años. Este sector entrepreneur suele ser el motor de salida de las crisis económicas y todo indica que lo volverá a ser en esta crisis económica mundial.


En Estados Unidos, las Pymes han estado a la vanguardia de la innovación tecnológica y de management en los últimos 50 años. Porque es esto así? La respuesta es que deben de trabajar con recursos limitados y que solo con orden e inteligencia logran sobrevivir y crecer. Microsoft, Intel, Apple y Google empezaron siendo Pymes y se apalancaron a convertirse en marcas gigantescas. Para poder sobrevivir y crecer, las Pymes no tienen alternativa que la de operar eficientemente. A diferencia de las grandes corporaciones, las pymes no tienen lugar para burocracia e ineficiencia porque, de tenerlas, tienden a sufrir y desaparecer muy rápidamente.


Vendedores de flores, panaderos, vendedores de autos usados y plomeros han encontrado maneras de incorporar tecnología (algunos con poco mas de una sola computadora y un procesador de palabras o un programa de Excel) para mejorar sus operaciones, reducir costos y distribuir sus productos de una manera suficientemente rentable que les permita expandirse.

Hoy en día, Internet las ayuda a presentarse en sociedad, hacerse conocer, vender y comprar productos y servicios a través de contactos comerciales que se inician de manera virtual. Les permite también encontrar la información que necesitan para poder saber que sucede en el mercado y poder evaluar su situación relativa y su toma de decisiones estratégicas. Entre otras, las grandes empresas tenían esa gran ventaja que supone tener toda la información necesaria del mercado para ver y decidir mejor y los pequeños no tenían esa posibilidad. A través de portales comunitarios de Pymes se logra acortar la brecha de información que existía entre las grandes y las pequeñas.


Mientras economistas y medios de comunicación analizan millones de indicadores para comprender la salud de las economías, nosotros recomendamos que se mire al sector de Pymes. Cuando ellas empiezan a crecer, las crisis económicas pegan la vuelta.


Carlos Morea

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PYMES y la tecnología, las comunicaciones y el Internet

Filed Under (Pymes) by admin on 02-04-2009

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Que empresario no quisiera haber siempre estado involucrado en la industria que está de moda y que mas crece? Esto pareciera sin duda haber sido uno de los más grandes secretos para crecer. Si uno vendía ferrocarriles en la mejor época de ellos, uno seguramente crecía con ellos. Si alguien producía automóviles en el momento justo, su empresa hubiera sido seguramente muy grande. Esto ha sido así desde que el mundo medieval se ha convertido en un mundo capitalista.

Vender heladeras o lavarropas ha tenido su momento cúspide y ha luego caído a niveles de crecimiento más vegetativo. Resulta sin duda natural. Cuando ya mucha gente tiene su heladera y su lavarropa, el crecimiento de un negocio de ese tipo tiene más relación con variables macroeconómicas (crecimiento poblacional o del producto bruto per capita) y menos relación con el boom inicial que un producto o servicio nuevo puede provocar. No quiere decir que la industria desaparezca ya que la gente debe renovar sus productos cada tanto y las empresas modernizan su producción, pero si que crezca a niveles mas normales. Así es que los hombres más ricos del mundo en las distintas épocas han siempre sido aquellos que tenían empresas que operaban en la industria más pujante del momento. Ha sido el caso de J P Morgan en la industria financiera, Andrew Carnegie en la industria del acero, Henri Ford en la industria automotriz y así siguiendo.

Nadie discutiría que el crecimiento de la industria tecnológica, de Internet y de las telecomunicaciones de los últimos 20 o 30 años es espeluznante. Ha sin duda crecido mucho mas que industrias como la electricidad, el gas, el agua corriente, el acero, los automóviles, las heladeras, los lavarropas, el acero, los servicios en general, etc. Es así que empresas que hasta hace unas pocas décadas, y en algunos casos hace algunos pocos años, no existían, hoy tienen tamaños descomunales. Buenos ejemplos de ellas son Microsoft, Yahoo, Google, etc. Bill Gates, el fundador y accionista de Microsoft, es el hombre más rico del mundo.

Ahora bien, incluso si estas afirmaciones fueran verdaderas, de que le sirve esto a una empresa PYME? Si la empresa PYME no vende tecnología, Internet o telecomunicaciones, en que le es útil razonar de esta manera?

En mi humilde opinión, le sirve de mucho. Es evidente que si una empresa PYME se dedica a cosas que no están relacionadas a la tecnología, no por eso es una buena idea cambiar de rubro. No todo el mundo sabe de tecnología y no todo el mundo tiene ganas de cambiar de industria cuando ya opera en una industria que conoce. Lo que estas empresas si pueden hacer es lograr que su empresa PYME sea, dentro de su rubro específico, lo más "tecnológica" posible. Es decir, que, sin cambiar de industria, adopte la mayor cantidad de herramientas tecnológicas posibles de manera de subirse parcialmente al actual boom de la tecnología. Esto sería equivalente a utilizar la electricidad cuando esta comenzó a ser utilizada, contratar productos financieros innovadores ante su aparición, o incorporar buena maquinaria de acero cuando esta comenzó a estar disponible y otros ejemplos de este tipo. Incorporar lo "más nuevo de lo nuevo" a industrias que no son necesariamente nuevas debe de tener un impacto tangencial de contagio y de mayor crecimiento en su negocio.

Carlos Morea
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