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La tecnología y el hombre masa

La tecnología y el hombre masa

A través de la tecnología que permea la atmósfera, hoy día suele suceder que todos terminemos con ideas y opiniones sobre las cosas, muchas veces sobre las bases de nuestro vivir, que no hemos pensado nunca por cuenta propia, a las que nunca hemos arribado como fruto de una personal convicción de su verdad, sino que las pensamos porque las hemos oído de otros.

Resulta hoy día bastante inútil preguntarle al hombre moderno qué es lo que desea. Como robots responderemos que lo que queremos es exactamente lo que nos quieren vender. Erich Fromm decía que:

Ese hombre piensa, siente y quiere lo que cree que los demás suponen que él deba pensar, sentir y querer, y en este proceso pierde su propio yo, que debería constituirle fundamento de toda seguridad genuina del individuo libre.

Se suele tener dificultades para comprender que el que no sabe es como el que no ve.

Sólo vemos lo que somos capaces de ver, sólo entendemos lo que somos capaces de entender. La inteligencia no es algo que se tiene o que no se tiene, ni solamente es algo que se tiene parcialmente, sino que es, por sobre todo, algo que se va haciendo o deshaciendo. Sobre el saber que no se sabe, Ortega escribió:

El pensar que culmina en saber, comienza por ser ignorar. El pensamiento, pues, es –tanto más y antes que saber– pura ignorancia. El que no piensa no es ignorante. La piedra no ignora lo que es la dinamita que la hace reventar. Porque  ignorar es pensar positivamente en algo, es pensar que no se posee el ser de una cosa, es pensar que no se sabe lo que es; en suma, es saber que no se sabe.

El concepto de hombre masa es interpretado como una mutación en la que el individuo se transforma en un otro colectivo, en una suerte de arquetipo jungiano, de tal manera que sus posibilidades y sus preocupaciones son, aunque más no sea temporalmente, asumidos por ese otro.

Jung advertía que para poder lograr el desarrollo de la personalidad individual es indispensable que exista una estricta distinción con respecto a la psique colectiva, pues toda diferenciación defectuosa genera una inmediata disolución de lo individual en lo colectivo.

La masa no representa a una casta específica –pobre o rico, secular o religioso, humilde o altanero–, sino que es una posibilidad abstracta de todo individuo contemporáneo.

Es la posibilidad diaria que tenemos todos de convertirnos en aquello que se denomina la gente, o en el porque se dice, porque lo piensa la gente. En rigor, esta gente, o este lo que se dice, son un alguien abstracto, un quién teórico, seres que no son, iguales a nadie, porque, ¿quién es la gente? Nietzsche observaba que la opinión pública era la suma de las perezas individuales.

La tecnología que masifica pretende clonar lo inigualable, al hombre, que es único e irrepetible, absolutamente original, inédita creación. Corremos casi siempre detrás de nuestro becerro de oro, que son el dinero, la fama, el poder, el placer, la envidia, la apariencia.

Estamos todos ansiosos por saber lo que los demás opinan de nosotros, nos sentimos como angustiados por conocer el veredicto ajeno, si es que se considera que ganamos o que perdimos. Para Ortega, el hombre masa…

No quiere dar razones ni le importa tener razón, sino que sencillamente se muestra resuelto a imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo; el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón. Hombre masa que carece simplemente de moral, que es siempre, por esencia, sentimiento de sumisión a algo, conciencia de servicio y obligación. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo –en bien o en mal– por razones especiales, sino que se siente como todo el mundo y, sin embargo, no se angustia. Se siente a sabor al sentirse  idéntico a los demás. El hombre selecto no es el petulante que se siente superior a los demás, sino por no ser el que se exige más, inclusive si no logra resultado alguno en esas exigencias superiores. Las masas y colectividades que no precisan buscar lo único verdaderamente imprescindible que es “la verdad”, y por lo tanto parecieran ser sólo un modo deficiente de lo humano.

Pero no tiremos al bebe recién nacido por la rendija de la bañadera junto con el agua sucia. La tecnología es extraordinaria; se trata sólo de saber como y para que usarla.

Carlos Morea | www.enlacepymes.com




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