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Ciencia, miseria y libertad humana.
(tecnología) | 29-08-2010
Cuando se inició el segundo milenio la naturaleza sometía al hombre. La vida era una pendencia por sobrevivir. No había agua corriente, cloacas, antibióticos ni aspirina. Una reina podía morirse de una infección molar. La mitad de los niños moría antes de llegar a los dos años. Una de cada cinco mujeres fallecía al dar a luz. Las epidemias, sobre todo la viruela, el tifus, el cólera, la tuberculosis, y las plagas mataban a millones. La neumonía, difteria, meningitis y polio también lisiaban o mataban masivamente. La peste bubónica o muerte negra, importada de Asia en 1348, mató a un tercio de la población de Inglaterra. Como consecuencia de los virus que los españoles repartieron en toda América, sobre todo el de la viruela, México disminuyó su población desde 10 millones en el año 1519 a un millón y medio en el 1600. Sumadas a las bajas de la guerra, el hambre y las enfermedades hicieron que Alemania perdiera un tercio de sus habitantes durante la Guerra de los Treinta Años que comenzó en 1618. El demógrafo francés Jean Fourastié afirmó que, a principios del siglo XVIII, la mitad de los niños morían antes de los 15 años y sólo una minoría de la gente llegaba a vivir 50 años.
Desde el siglo XVII, la inteligencia y la libertad humana han descubierto la ciencia experimental y la técnica aplicada. Ambas se han desarrollado de manera incesante y extraordinaria y han conseguido controlar numerosas dificultades de la naturaleza. La mayoría de los habitantes de los países desarrollados, y también numerosas personas de los países menos desarrollados, viven hoy mejor y más tiempo que los ricos, los burgueses y hasta los reyes de hace 300 años.
Luis Pasteur inventó la inoculación de líquidos que matan la bacteria de la viruela y previenen la fermentación. Robert Koch encontró el germen que provoca la tuberculosis y la cólera asiática. Se descubrieron el éter y el cloroformo, para poder operar quirúrgicamente, y los antibióticos, que permitieron sobrevivir a las infecciones. Se comprendió que los mosquitos acarreaban la fiebre amarilla y la malaria, y que la fiebre bubónica venía con las ratas. Se desarrolló la insulina para los diabéticos y la aspirina para los dolores y para la fiebre. Alexander Flemming descubrió la penicilina. Los avances actuales para prevenir y curar enfermedades evolucionan cada semana. Los hospitales han dejado de ser ranchos de muerte y pasaron a ser verdaderas casas de sanación.
Tenía razón Ortega cuando decía que “en un planeta sin físico-química no puede sustentarse el número de hombres hoy existentes”. En el mundo desarrollado la expectativa de vida se ha duplicado. La población creció vertiginosamente desde 300 millones en el año 1.000 a 6.000 millones en el año 2000. Más de la mitad de ese crecimiento se produjo a partir de 1950, cuando sólo había aproximadamente 2.000 millones de personas. Se pronostica que en el año 2050 habrá más de 9.000 millones de personas.
No todos los males de la humanidad son culpa de los hombres. El sufrimiento, la muerte, y el mal en general, son siempre una pregunta de angustia y un misterio insondable. Empero, mucho del mal existente si es causado por libertades humanas que, directa o indirectamente, por acción o por omisión; perjudican a sus semejantes. El padecimiento de vidas de miseria y muertes prematuras pueden ser consecuencia de motivaciones personales erróneas, perversas, o ambas cosas. Los actos humanos políticos, sociales, económicos, empresariales, de consecuencias inmediatas o de impacto tardío en el tiempo, son responsables de muchos males, muchísimos más de los que normalmente se concientizan.
Suele suceder que realidades sociales desoladoras aparenten ser impersonales, como si fueran la cruda, natural e inmodificable realidad, donde nadie es responsable; pero, en rigor, son el efecto en el tiempo de libertades personales. Todavía existen miles de millones de personas que no acceden al progreso consolidado de la ciencia y eso no es culpa de la naturaleza o de otras causas impersonales.
Carlos Morea
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